El ejercicio de la actividad pericial ante los tribunales combina el conocimiento técnico propio de cada especialidad con una serie de obligaciones fiscales y legales que a menudo quedan en un segundo plano frente a la parte estrictamente técnica del dictamen. Sin embargo, una gestión deficiente de estos aspectos puede generar contingencias tanto para el perito como para la validez de su intervención en el procedimiento judicial.
El encuadre fiscal de la actividad pericial
La mayoría de peritos judiciales ejercen su actividad como profesionales autónomos, compatibilizando en muchos casos la pericia con su actividad principal —ingeniería, arquitectura, economía, medicina o cualquier otra disciplina—. Este encuadre exige darse de alta en el epígrafe correspondiente del Impuesto sobre Actividades Económicas y aplicar correctamente el régimen de IVA e IRPF a los honorarios percibidos, ya sea por designación judicial o por encargo de parte.
Una cuestión que genera dudas frecuentes es la facturación de la provisión de fondos y de los honorarios definitivos, especialmente en los peritajes designados judicialmente, donde el cobro puede demorarse considerablemente y depender de trámites procesales ajenos al control del perito.
Honorarios, minutas y su justificación fiscal
Los honorarios periciales deben responder a criterios objetivos y, en muchos casos, a los baremos orientativos de los colegios profesionales, lo que resulta relevante no solo a efectos de tasación de costas, sino también para justificar ante Hacienda la razonabilidad de los importes facturados. Una minuta mal estructurada, sin desglose de conceptos y horas dedicadas, puede generar problemas tanto en una eventual impugnación de honorarios como en una comprobación tributaria.
Gastos deducibles propios de la actividad pericial
El ejercicio pericial conlleva gastos específicos —desplazamientos, toma de muestras, informes técnicos complementarios, seguros de responsabilidad civil profesional— que son deducibles siempre que estén debidamente justificados y vinculados a la actividad. Llevar un registro riguroso de estos gastos, diferenciado por cada encargo, facilita tanto la gestión fiscal como la eventual repercusión de costes en el propio informe pericial.
Responsabilidad profesional del perito
El perito judicial asume una responsabilidad especial derivada de la fe pública que se otorga a su dictamen dentro del procedimiento. Un informe elaborado con negligencia, con conclusiones no suficientemente fundamentadas o con vulneración del principio de imparcialidad puede generar responsabilidad civil, e incluso, en supuestos graves, responsabilidad penal por falso testimonio pericial. Contar con una póliza de responsabilidad civil profesional adecuada a la actividad pericial concreta es una medida de protección imprescindible.
Formalidades procesales que inciden en la seguridad jurídica del informe
Más allá de lo fiscal, el perito debe cuidar aspectos formales que condicionan la validez de su intervención: la aceptación del cargo dentro de plazo, la correcta justificación de su cualificación técnica, la ratificación del informe cuando sea requerida y la coherencia entre la metodología empleada y la que se expone en el propio dictamen. Estas cuestiones, aunque de naturaleza procesal, tienen una relación directa con la seguridad jurídica y económica del profesional.
Recomendaciones prácticas para el perito judicial
- Verificar el alta censal y el epígrafe de IAE correspondiente a la actividad pericial ejercida.
- Emitir facturas desglosadas por conceptos y horas, evitando minutas genéricas.
- Registrar y documentar los gastos vinculados a cada encargo pericial.
- Mantener actualizada la póliza de responsabilidad civil profesional.
- Cuidar los plazos procesales de aceptación, entrega y ratificación del informe.
- Revisar periódicamente el tratamiento fiscal aplicable si se compatibiliza la pericia con otra actividad profesional.
Un asesoramiento que acompaña al perito en su día a día
Dada la combinación de exigencias procesales, fiscales y de responsabilidad profesional, resulta muy recomendable contar con asesoramiento fiscal para peritos judiciales que permita al profesional centrarse en la parte técnica de su especialidad sin descuidar los aspectos económicos y legales que rodean cada intervención.
Un acompañamiento continuo, adaptado a las particularidades de la actividad pericial, ayuda a reducir riesgos fiscales y de responsabilidad. Firmas especializadas como LRB pueden ofrecer ese soporte integral que muchos peritos judiciales necesitan para ejercer con mayor tranquilidad.