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Inspecciones tributarias en 2026: claves y errores frecuentes

Cada año, la Agencia Tributaria actualiza sus planes de control y refina sus herramientas de análisis de datos para seleccionar a los contribuyentes que serán objeto de comprobación. En 2026, ese proceso de selección es cada vez más automatizado, cruzando información procedente de múltiples fuentes —facturación electrónica, movimientos bancarios, plataformas digitales, suministros inmediatos de información— con una capacidad de detección de discrepancias muy superior a la de hace apenas una década. Para las empresas, esto significa que el riesgo de recibir un requerimiento o de iniciar un procedimiento de inspección ya no depende únicamente del volumen de facturación, sino de la coherencia interna de los datos que la empresa declara y transmite a la Administración a través de sus distintas obligaciones formales.

Cómo ha cambiado la selección de contribuyentes

La Administración tributaria dispone hoy de una cantidad de información cruzada muy superior a la de años anteriores, lo que le permite identificar patrones anómalos con mayor precisión: márgenes que no encajan con el sector, discrepancias entre lo declarado en IVA y en el Impuesto sobre Sociedades, operaciones vinculadas sin la documentación adecuada, o variaciones patrimoniales que no se corresponden con la renta declarada. Este enfoque, más analítico que aleatorio, obliga a las empresas a mantener una coherencia constante entre todas sus declaraciones, no solo a «hacerlo bien» en el impuesto que consideran más relevante.

Errores frecuentes que agravan una inspección

Más allá de los incumplimientos sustantivos, buena parte de los problemas que surgen durante una inspección tributaria tienen que ver con la forma en que la empresa gestiona el propio procedimiento. Entre los errores más habituales se encuentran: no responder en plazo a los requerimientos de documentación, aportar información incompleta o contradictoria con lo ya declarado, no contar con asesoramiento especializado desde el primer momento del procedimiento, y adoptar una actitud defensiva o poco colaborativa que, lejos de proteger a la empresa, puede endurecer la posición del actuario. Un procedimiento de inspección bien gestionado desde el inicio, con una estrategia clara sobre qué se aporta y cómo se argumenta, tiene muchas más probabilidades de concluir de forma favorable que uno gestionado de forma reactiva.

La importancia de la documentación previa

Una de las lecciones más repetidas por quienes acompañan a empresas en procedimientos de inspección es que la defensa se construye, en gran medida, antes de que la inspección comience. Contar con una contabilidad ordenada, con soportes documentales adecuados para cada operación relevante, con la documentación de precios de transferencia al día cuando existen operaciones vinculadas, y con criterios fiscales aplicados de forma consistente a lo largo de los ejercicios, reduce significativamente el margen de discrepancia con el criterio de la Administración. Improvisar esta documentación una vez iniciado el procedimiento es, en la mayoría de los casos, una estrategia condenada a resultados peores.

Operaciones vinculadas: un foco de atención constante

Las operaciones entre sociedades del mismo grupo o entre la empresa y sus socios y administradores siguen siendo uno de los focos prioritarios de las actuaciones de comprobación. La correcta valoración de estas operaciones a valor de mercado, y la existencia de la documentación exigida por la normativa, son aspectos que deben revisarse de forma proactiva, no solo cuando se recibe un requerimiento específico sobre esta materia.

Qué hacer al recibir una comunicación de inicio

La recepción de una comunicación de inicio de actuaciones inspectoras genera, comprensiblemente, incertidumbre en cualquier empresa. Sin embargo, la forma de reaccionar en los primeros días marca buena parte del desarrollo posterior del procedimiento. Es fundamental revisar con detalle el alcance de la comprobación (qué impuestos y periodos incluye), reunir la documentación relevante de forma ordenada, y establecer desde el primer momento una interlocución profesional con la Administración, evitando tanto la pasividad como las respuestas improvisadas que puedan generar nuevas dudas al actuario.

La fase de alegaciones y su peso real

Cuando la inspección concluye con una propuesta de liquidación, la fase de alegaciones no debe entenderse como un trámite formal, sino como una oportunidad real de aportar argumentos, documentación adicional o interpretaciones jurídicas que puedan modificar el criterio inicial de la Administración. Un escrito de alegaciones bien fundamentado, con referencias normativas y jurisprudenciales precisas y, cuando procede, apoyado en un informe pericial tributario, tiene un peso real en la resolución final del procedimiento, y en ocasiones consigue reducir o eliminar ajustes que en un primer momento parecían inevitables.

Claves para preparar tu empresa ante una posible inspección

  • Mantener una contabilidad ordenada y coherente entre todas las declaraciones fiscales presentadas.
  • Revisar de forma periódica la documentación de operaciones vinculadas, no solo cuando se solicita.
  • Responder siempre en plazo a los requerimientos, incluso cuando la información no esté completa.
  • Contar con asesoramiento especializado desde la primera comunicación de inicio de actuaciones.
  • Preparar con rigor la fase de alegaciones cuando se reciba una propuesta de liquidación.
  • Evaluar, en cada caso, la conveniencia de recurrir la liquidación en vía administrativa o económico-administrativa.

Afrontar una inspección tributaria con garantías exige preparación, criterio técnico y una defensa diseñada desde el primer contacto con la Administración. Contar con defensa ante inspecciones tributarias especializada permite a la empresa afrontar el procedimiento con una estrategia clara en cada una de sus fases. El equipo de LRB acompaña a empresas que se enfrentan a procedimientos de comprobación e inspección tributaria.

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